
Dr Pablo Quinde Moncayo
Médico cardiólogo
Sociedad ecuatoriana de cardiología núcleo del azuay
Más corredores, más eventos. ¿Estamos preparados?
El crecimiento exponencial de carreras recreativas y competitivas en Latinoamérica es un fenómeno social y sanitario positivo. Más personas corren, más ciudades organizan medias maratones y maratones, y el deporte se consolida como herramienta de prevención cardiovascular. Sin embargo, este avance plantea una pregunta incómoda pero necesaria: ¿están nuestros sistemas de salud y nuestros organizadores preparados para enfrentar el evento cardiovascular agudo cuando ocurre?
La acumulación de factores de riesgo cardiovascular a lo largo de la vida tiene un efecto perjudicial demostrado sobre la salud poblacional (1). La aterosclerosis, principal sustrato de infarto agudo de miocardio y muerte súbita en el adulto, inicia su desarrollo en etapas tempranas, muchas veces desde la infancia, con una larga fase subclínica (2). En la mayoría de los casos, su progresión puede atenuarse mediante estilo de vida saludable, actividad física regular y control de factores de riesgo.
En este contexto, el deporte no es el enemigo. El sedentarismo sí lo es. La práctica regular de ejercicio se asocia con reducción de mortalidad cardiovascular, mejor perfil metabólico, menor prevalencia de tabaquismo, reducción de estrés y mejor salud mental. No obstante, el ejercicio intenso puede actuar como desencadenante transitorio de eventos en individuos con patología subyacente no diagnosticada.
La muerte súbita asociada al ejercicio es un evento infrecuente, pero de alto impacto clínico y mediático. Su epidemiología y etiología difieren sustancialmente según la edad del deportista. El punto de corte de 35 años se utiliza ampliamente porque marca la transición desde causas predominantemente genéticas hacia la enfermedad coronaria aterosclerótica como principal sustrato (3)
La incidencia global es baja: en deportistas jóvenes se estima entre 1 por 40.000 y 1 por 80.000 atletas/año (4,5), mientras que en mayores de 35 años el riesgo aumenta hasta aproximadamente 1 por 15.000–18.000 atletas/año (6). Aunque el riesgo absoluto es pequeño, el volumen creciente de participantes en eventos masivos hace que el número absoluto de casos no sea despreciable.
En menores de 35 años predominan las miocardiopatías hereditarias, las anomalías congénitas coronarias y las canalopatías. En este grupo, el corazón suele ser estructuralmente anormal por enfermedad genética o inflamatoria, y el mecanismo habitual es la taquiarritmia ventricular maligna desencadenada por el esfuerzo. La evidencia italiana demostró que la implementación sistemática de evaluación preparticipativa con electrocardiograma reduce significativamente la incidencia de muerte súbita en atletas competitivos (5).
En mayores de 35 años, más del 70–80% de los casos se deben a enfermedad coronaria aterosclerótica. Aquí predomina la enfermedad adquirida relacionada con factores de riesgo acumulados a lo largo de la vida. El mecanismo típico es la isquemia inducida por esfuerzo, la rotura de placa y la fibrilación ventricular secundaria. El análisis de grandes carreras de larga distancia publicado en el New England Journal of Medicine mostró que el paro cardíaco durante maratones es raro, pero cuando ocurre, la enfermedad coronaria es el principal sustrato en corredores mayores (6).
Frente a este escenario, la pregunta no es solo quién está en riesgo, sino cómo respondemos cuando el evento ocurre. Un estudio prospectivo japonés publicado en el British Journal of Sports Medicine evaluó un sistema móvil de respuesta con desfibriladores externos automáticos (DEA) en maratones entre 2007 y 2020. En 42 casos de paro cardíaco durante competencia, la desfibrilación precoz (≤3 minutos) se asoció con supervivencia neurológicamente favorable superior al 90% (7). La mayoría de los ritmos iniciales eran desfibrilables. La conclusión es inequívoca: la colocación estratégica de DEA y la capacitación en reanimación cardiopulmonar salvan vidas.
En Latinoamérica, el crecimiento de eventos deportivos ha sido más rápido que el desarrollo de registros epidemiológicos estructurados. En países como Ecuador, no existen bases de datos nacionales que documenten sistemáticamente muerte súbita cardiaca asociada a maratones o medias maratones. La ausencia de registro no implica ausencia de eventos; implica ausencia de medición.
Y sin medición no hay política pública eficaz.
La cardiología del deporte en la región enfrenta tres desafíos centrales: implementar evaluación cardiovascular diferenciada por edad y nivel competitivo; garantizar protocolos obligatorios de respuesta médica en eventos masivos; y desarrollar registros nacionales de eventos cardiovasculares en el deporte.
El riesgo es bajo. El beneficio del ejercicio es enorme. Pero el crecimiento del deporte recreativo exige madurez sanitaria. La discusión no debe centrarse en desalentar la actividad física, sino en profesionalizar su entorno.
La pregunta final no es si el deporte es seguro.
La pregunta es: ¿estamos preparados cuando el caso inevitable ocurra?
Desde la Sociedad Ecuatoriana de Cardiología – Núcleo del Azuay, hemos trabajado de manera sostenida durante los últimos ocho años con un compromiso profundamente filantrópico en favor de la práctica del deporte seguro en nuestra ciudad.
Cuenca, por su geografía y cultura, es un escenario privilegiado para la actividad física: senderismo, atletismo, ciclismo y múltiples disciplinas recreativas forman parte de la vida cotidiana de sus habitantes. Este crecimiento del deporte urbano representa una gran oportunidad para la salud cardiovascular, pero también nos exige responsabilidad y preparación.
Como parte de este compromiso, actualmente contamos con aproximadamente 30 desfibriladores externos automáticos (DEA) ubicados estratégicamente en parques, auditorios y zonas de alta afluencia. Esta red de cardioprotección es el resultado del trabajo conjunto con el Consejo Cantonal de Salud de Cuenca y otras instituciones comprometidas con la salud pública.
Sin embargo, entendemos que no basta con instalar desfibriladores. Un DEA salva vidas únicamente cuando la comunidad sabe que existe, sabe cómo utilizarlo y activa de manera oportuna el sistema de emergencias a través del 911. La verdadera ciudad cardioprotegida no es la que solo tiene dispositivos, sino la que tiene ciudadanos capacitados y conscientes.
Por ello, nuestro objetivo no se limita a la infraestructura, sino que incluye la educación continua en reanimación cardiopulmonar, la difusión de la ubicación de los DEA y la creación de una cultura de respuesta inmediata ante el paro cardíaco.
En este contexto, y con motivo del Día Mundial del Corazón, este año organizaremos un evento recreativo y familiar que promueva el deporte seguro como eje central. Será una jornada destinada no solo a fomentar la actividad física, sino también a poner en práctica los principios de cardioprotección comunitaria, sensibilizar sobre la muerte súbita asociada al deporte y reforzar la preparación ciudadana ante emergencias.
Nuestro propósito es claro: disminuir en el futuro la incidencia de muerte súbita asociada al ejercicio, comenzando por nuestra ciudad y aspirando a que este modelo pueda replicarse en otras regiones del país.
Porque el deporte es salud.
Pero el deporte seguro es responsabilidad compartida.
Bibliografía
- Kovacic JC, et al. The relationships between cardiovascular risk factors and health outcomes. Int J Environ Res Public Health. 2022;19(1):207. doi:10.3390/ijerph19010207
- Hong YM. Atherosclerotic cardiovascular disease beginning in childhood. Korean Circ J. 2010;40(1):1–9. doi:10.4070/kcj.2010.40.1.1
- Corrado D, Basso C, Rizzoli G, Schiavon M, Thiene G. Does sports activity enhance the risk of sudden death in adolescents and young adults? J Am Coll Cardiol. 2003;42(11):1959–63.
- Harmon KG, Asif IM, Maleszewski JJ, et al. Incidence, cause, and comparative frequency of sudden cardiac death in National Collegiate Athletic Association athletes. Circulation. 2015;132(1):10–19.
- Corrado D, Basso C, Pavei A, et al. Trends in sudden cardiovascular death in young competitive athletes after implementation of a preparticipation screening program. JAMA. 2006;296(13):1593–1601.
- Kim JH, Malhotra R, Chiampas G, et al. Cardiac arrest during long-distance running races. N Engl J Med. 2012;366(2):130–140.
7. Tanaka Y, et al. Outcomes of on-site defibrillation in marathon runners. Br J Sports Med. 2022;56:XXX–XXX. doi:10.1136/bjsports-2021-104964